El Otoño del Patriarca y la des-vertebración política
El Otoño del Patriarca, es quizás la obra que mayor fuerza política tienen en la obra de Gabriel García Márquez, sin desconocer que toda la obra del Gabo posee sentimientos donde se entrecruzan la identidad política, social, cultural y religiosa, para no decir que católica de toda Latinoamérica. Zacarías es un general que amordaza el sentido de lo político, y se convierte con el paso de los años en un dictador, el cual no es más que un mueble de decoración de la identidad ideológica de un pueblo que supura el veneno de la desgracia colectiva y adversa. Digo que decorativa porque son finalmente otros lo intereses que articulan el poder en todo el mundo ideologizado de la verdad.
Aunque se siente el pulso o los latidos de una sociedad corrompida por el abandono, la trama de la novela descuelga en un sentido de la atomización del colectivo que sucumbe ante su propia indefensión. Así el novelista va capitulando uno a uno el porvenir de una historia que podría ser la de cualquier pueblo latinoamericano aun hoy, es decir, aunque la democracia sea el camino para elegir políticamente a sus gobernantes, el poder se encuentra distribuido en las clases dominantes, oligarquías, que llaman los mamertos de la izquierda.
Cada uno de los personajes tambalean de diestra a siniestra, aunque todos se desenvuelven en el horizonte de sus miserias interiores, el autor logra descomponer el imaginario de la “lucha de clases” por querer salirse del círculo vicioso de la esclavización política y militar a la cual están sujetos como borregos insaciables. La libertad juega un papel determinante en todo el giro a modo de espiral que subyace en la obra. La libertad en sentido extra-moral como diría el maestro Nietzsche, es decir, cuando los actores de la política, “Sociedad Civil” y “Sociedad Política”, al termino de la hegemonización del poder de manera como es expuesta en la obra del italiano Antonio Gramsci, esto quiere decir, que el poder es una estructura que funciona desde la esfera de lo privado hacía lo público, apalancado desde luego desde el canon que permiten el uso o la posesión de las armas, y del aparato militar que el Estado posee, con la ayuda que brinda el dominio de fuentes de riquezas, ya sea con la tenencia de tierras, industria, medios de comunicación, la banca y la educación, por citar sólo algunos ejemplos.
Cada uno de los personajes tambalean de diestra a siniestra, aunque todos se desenvuelven en el horizonte de sus miserias interiores, el autor logra descomponer el imaginario de la “lucha de clases” por querer salirse del círculo vicioso de la esclavización política y militar a la cual están sujetos como borregos insaciables. La libertad juega un papel determinante en todo el giro a modo de espiral que subyace en la obra. La libertad en sentido extra-moral como diría el maestro Nietzsche, es decir, cuando los actores de la política, “Sociedad Civil” y “Sociedad Política”, al termino de la hegemonización del poder de manera como es expuesta en la obra del italiano Antonio Gramsci, esto quiere decir, que el poder es una estructura que funciona desde la esfera de lo privado hacía lo público, apalancado desde luego desde el canon que permiten el uso o la posesión de las armas, y del aparato militar que el Estado posee, con la ayuda que brinda el dominio de fuentes de riquezas, ya sea con la tenencia de tierras, industria, medios de comunicación, la banca y la educación, por citar sólo algunos ejemplos.
Si bien es cierto que la novela está recreada bajo un ambiente totalmente anterior al actual, si permite hacer el análisis crítico de cómo funciona en Colombia -por ejemplo- los regímenes de gobierno de los señores que gobiernan bajo el ímpetu de familias que se sujetan al poder por décadas enteras, suministrando al colectivo el imaginario social de que este es un país con la democracia representativa más antigua en el mundo. Y bajo este sentimiento de trasparencia el poder circula como diría Deleuze, de una vertiente a otra, ya sea por compadrazgo o por acuerdos económicos estratégicos. Pues, la centralización del poder desde la capital del país permite el sobre control de todos los procesos hegemonizantes. El Otoño del Patriarca, nos permite seguir desbrozando el imaginario colectivo del agenciamiento perverso de una sociedad totalmente hegemonizante, sobre un colectivo que simplemente se dedica a vivir de sus miserias. A paladear sus derrotas como si fuesen remedios existenciales, donde el fuego de la verdad está al servicio de una fe ciega en los dogmas de la sagacidad religiosa para hacer que estos pueblos no vean más allá de la cruz, y de la ostia.
La decadencia del poder en manos del General, y la grandilocuencia del escritor dejan entrever el deterioro moral de una sociedad aturdida por los disparos, guerra sin cuartel contra todo aquello que huela o suene a revolución, o cambio, junto con el empobrecimiento mental de una sociedad que aplaude con codicia el derramamiento de sangre en complicidad con la falta de memoria y la capacidad de olvido que permite que regímenes como estos fosilicen la voluntad popular y el vitalismo de un pueblo como el de la Región Caribe de Colombia. Esta des-vertebración social y política es el resultado de doscientos años de crímenes y asesinatos selectivos y totales de comunidades entera, como la indígena a lo largo de toda América, quienes se resisten a ser parte de la macabra forma como el poder en Colombia es ejercido, y defendido por quienes suministran y hacen circular las armas, que los mantienen atornillados al poder.

El texto nos permite seguir elucubrando acerca de la realidad Latinoamericana...
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